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Era un asesino

Mi día fue tan común y simple. Desperté con la vocecita de Lily Allen y su insultante estribillo ''Fuck you'', estuve tarareando unos segundos en la mente y luego apagué la alarma para activar una nueva 20 minutos más tarde. Es una costumbre irracional, estúpida y dada al desastre. 

Sin embargo, me levanté finalmente, estaba tiritando pero me descubrí el cuerpo. Me desnudé y entré pronto bajo ese chorro de agua tibia, el resto es lo mismo: me retrasé y no pude tomar el desayuno, ni modo, corrí para alcanzar el camión.

Después de una búsqueda fruto de mi capacidad innata para errar en la ubicación de cualquier punto de encuentro, llegué a mi destino. El típico interrogatorio y al final de cuentas quizás ahora este siendo minuciosamente investigada por el tío Sam. Y yo que ni visa tengo, mi inglés es pésimo, aunque ellos me alientan e insisten en que es bueno, seguiré dudando.

Pocos minutos pasaron y ya me encontraba abordando torpemente otro camión, pero esta vez de regreso a casa. La lentitud y el sol que daba justo en mi rostro me arrullaron, sentí pesados los párpados, pero no me apeteció quedarme dormida, así que opté por entretenerme con la vista en el panorama citadino.

Ciertamente aburrido, hasta que el camión se detuvo en un semáforo, yo con la vista fija al exterior, hundida en la nada y entonces... ahí estaba él: hombre caucásico, gafas de sol, entre metro 75 y metro 80, ropa deportiva, sosteniendo un smartphone y fotografiando sospechosamente ''algo''. Cruzamos miradas, se quitó las gafas y me sostuvo la mirada, se me heló la sangre, él no sonreía, estático...


Segundos que se convirtieron en eternidad, mente en blanco y él frunciendo el ceño, aparté la vista y pude sentir sus ojos fijos en mi. Él sabía que yo descubrí su juego, compartiendo un secreto, yo como víctima de las circunstancias, él como autor del delito. 

¿Qué puedes hacer en estos casos? Yo opté por callar. Y él no despegó su vista de mi, me persiguió en silencio y me asesinó cuantas veces le apeteció en la mente. Yo grité con todas mis fuerzas en mi interior y él lo sabía. Pero estaba sola, nadie escucharía y eso también él lo tuvo en cuenta. Comencé a sudar frío, comencé a temer.

De pronto, el movimiento del transporte me alejó de él, de su acusadora mirada. Respiré con calma pero sin olvidar aquello de lo que fui testigo...


Tijuana, Tijuana, tienes tantos personajes que me infartas.

Au Revoir!!

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