sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuando no fluyen las palabras

No entiendo como es que hay momentos en los que se tiene tanto por decir y al final... no decimos nada.

¿A quién no le ha pasado? Es común querer platicar con alguien sobre tantos temas interesantes hasta utilizando un lenguaje rebuscado pero al final simplemente no podemos darnos el lujo de comunicarnos. 
La comunicación tan sencilla como dificultosa ¿por qué me pasa a mi?

Y por supuesto, esto ya es personal, ¿cómo obligo a mi cerebro a obedecer mi deseo de expresarme a mis anchas sin escatimar en detalles?, necesito encontrar la cura para este grave problema comunicacional. Soy una persona que habla hasta por los codos, hablar es mi pasatiempo favorito, suelo dar mi punto de vista sobre todo en este demencial planeta, me gusta opinar a diestra y siniestra sin importarme nada. Pero en estos días me he quedado corta, como si de la nada hubiese perdido el don de la palabra y lo único que sale de mi boca son: saliva y frases estúpidas. 

Existe una frase popular que dice ''es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente'' en mi caso aplica perfectamente, lo que he dicho en una reciente conversación ha sido tan tonto que en adelante pretenderé salir a la calle con una bolsa de papel cubriéndome el rostro. Resulta un mal chiste que la persona más parlanchina que conozco (yo) se quede callada de repente, además, he consultado brevemente en páginas y alguno que otro libro (obvio pdf) y entre las respuestas que me han brindado se supone que eso de quedarse corto es debido a: 

1) Falta de ganas de hablar: really?, no, un rotundo NO, porque yo SIEMPRE tengo ganas de hablar sin importar si es del clima o de coloides, siempre voy a querer decir algo.

2) Timidez/ Inseguridad/Miedo: A ver, soy una de las personas más parlanchinas, amistosas y platicadoras que conozco, podría hablarle a un león y sobrevivir. No veo razones para sentir inseguridad a menos que el interlocutor sea alguien que inconscientemente me orille a cerrar la boca, lo cuál es descartable.

3) Tartamudez: NO

Desde luego que ninguna me ha parecido correcta, mi postura ante las tres opciones se mantiene nihilista al silencio y cualquier razón que sostenga que hay una razón; y la verdad es que muero de ganas de que el tiempo regrese y repetir esa charla antes de que llegue el bloqueo mental que me orille al silencio incómodo para decir y preguntar todo lo que el inconsciente me ha reprimido. Eso de quedarse corto no es mi estilo, no señor, yo hablo hasta por los codos, va contra natura, va contra cualquier ley existente, es parte de mi esencia. Y sé que no estoy sola en este problema social porque este fenómeno se repite a lo largo del mundo, es injusto y debería existir una ley que impida a nuestras lenguas el caer en el mutismo y a los cerebros en los blancos más blancos que Ace.

Lo que más rabia me ha causado es el hecho de que al primer segundo de haber concluido el coloquio, como si se tratase de magia, las ideas comenzaron a fluir a borbotones, tantas películas, libros, canciones, colores, lo que sea llegó a mi mente en forma de perspicaces preguntas y respuestas y yo, y yo dirigí la mirada al vacío sabiendo que los viajes en el tiempo aún son imposibles...



Si no puedo viajar en el tiempo, por lo menos quiero ir a la Luna.


Au Revoir

1 comentario:

  1. Debe fluir naturalmente, el tema y las palabras por igual. Cuando no, es o un asunto de la empatía o el simple "click" entre los interlocutores, o es quizá que al menos uno de ellos anda afectado por algo. Igual que los demás tipos de interacciones, mejor no forzar una plática.

    ResponderEliminar