lunes, 23 de marzo de 2015

Polución humana

Voy por ahí, buscando un motivo y sintiendo asco. Asco de ver la polución social.
Caras de transeuntes murmurando sobre cuan caro es lo que recién han comprado, son títeres dominados por un sistema de vida artificial. Son objetos manejables de un mundo consumista que domina poco a poco y manipula los estilos de vida, manipula elecciones, manipula hasta sus mentes.
Queda atrás el valor humano, hoy importa que tan caro es tu auto, que tan caro es tu móvil, que tan caro es tu zapato, importa poco. La indiferencia como estilo de vida, nos convertimos en robots de un mundo desbocado, de un mundo a punto del colapso, de un universo sin justicia y sin valores.
Los religiosos consideran que Dios es nuestro mayor motivo, los políticos que el poder y los empresarios... a ellos les importa el incremento de su capital.

No obstante, vivo inmersa en este mundo superficial, es este bodrio social que poco a poco me va transformando, sin casi notarlo puedo sentir como me convierto es eso que tanto desprecio: me convierto en uno más de ellos, me convierto en un títere artificial y consumista.

No mi culpa, no es culpa de ellos, quizás de nadie. Es la vida a la que estamos acostumbrados, al fin y al cabo ¿a quién no le gustaría tener lujos y dinero? Mienten los que se negarían a ello, porque la necesidad es nuestra droga recurrente.

Ellos hablan sobre deportes con tanto entusiasmo como si se tratase de un fenómeno importante, como si se tratase de asunto de vida o muerte. Sus voces toman matices y seriedad absoluta, se enojan y sonríen. Es la vida que sueñan, es el lujo que anhelan.

¿En qué momento olvidamos la naturaleza humana?, ¿cuándo fue que nos deshumanizamos?, ¿realmente somos felices en este mundo feliz tan similar al que Huxley describió alguna vez?

Sin embargo ya no importa, pronto olvidarémos qué fuimos, pronto olvidaremos lo importante por la frivolidad de nuestro presente.

Superficiales me rodean. El exceso de vanidad me causa repulsión, siento total desprecio por esas personas que llevan la vanidad y la falta de modestia a límites ridículos, muy pocos humildes existen. Conozco pocos humildes, en su mayoría me rodean imbéciles (aconsejo indagar definición) que se sienten el centro del universo. ¿Dónde ha quedado la amabilidad genuina? Es bueno amarse a sí mismo, pero todo tiene su límite. ¿Qué necesidad hay para olvidar lo que nos concierne, nuestra responsabilidad?

Consumismo aquí y allá, ¿qué nos dice amigo pro-comunista?, de alguna manera tienen razón. Pero hace falta más que eso para cambiar.

Todo se va convirtiendo en una moda en lugar de una convicción. ¡Nos perdemos y lo sabemos!

Bradbury describió en sus Crónicas Marcianas lo poco que al hombre le importan los medios para lograr sus metas egoístas, prevalece y sin temor a ser redundante: el egoísmo a costa de lo que fuere. Él nos lo planteó con fantasías y la evidencia moderna es la realidad.

¿Y a quién le importan los costos a futuro si vivimos en el hoy?

Au Revoir ♥





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